Una misión de la ONU destaca cooperación para proteger cadenas de abastecimiento y sistemas agrícolas
Una misión de alto nivel de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a Haití y la República Dominicana esta semana subrayó una realidad central para el Caribe: la seguridad alimentaria es un desafío regional compartido, que requiere tanto acciones agrícolas de emergencia para salvar vidas y responder a necesidades agudas, como sistemas avanzados de prevención y preparación para proteger las cadenas de suministro de alimentos.
Encabezada por la Directora General Asistente de la FAO, Beth Bechdol, junto a Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, así como directivos de Emergencias, la misión impulsó un enfoque coordinado, reforzando la agricultura como una respuesta humanitaria de primera línea en Haití, y fortaleciendo la bioseguridad, la preparación ante desastres y la estabilidad de los mercados en la República Dominicana.
En medio de la grave crisis de hambre que atraviesa Haití, donde más de 5,7 millones de personas enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, gran parte de la población rural continúa dependiendo de la agricultura para su subsistencia. Sobre esta base, el enfoque de Producción Alimentaria de Emergencia de la FAO permite que las familias altamente vulnerables produzcan alimentos en tan solo 90 días, incluso en contextos de crisis. En 2025, la FAO apoyó a más de 140 000 personas mediante la distribución de más de 210 toneladas de semillas a 76 000 agricultores, lo que se tradujo en la producción de más de 7 500 toneladas de alimentos en 4 300 hectáreas.
En la vecina República Dominicana, los diálogos se centraron en la protección de los sistemas agroalimentarios frente a grandes impactos, incluidos las enfermedades animales transfronterizas, los riesgos climáticos y las interrupciones de las cadenas de suministro, al tiempo que se reforzaba la integración comercial y de mercados a nivel regional para el conjunto del Caribe. En los últimos dos años, la FAO ha fortalecido las defensas de los sistemas alimentarios mediante la certificación de 25 granjas porcinas, reduciendo de manera significativa la circulación viral y elevando el cumplimiento de las normas de bioseguridad del 35 % a casi el 80 %, lo que ha mejorado el potencial de exportación de carne de cerdo y los ingresos en divisas.
“Al visitar ambos países, estoy profundamente convencida de que la agricultura no es solo un salvavidas en las crisis actuales, sino la base de la estabilidad y la seguridad alimentaria. En Haití, donde las familias enfrentan impactos constantes, la agricultura sigue siendo el ancla diaria que sostiene a los hogares y el semillero para reconstruir medios de vida resilientes”, afirmó Bechdol.
“En la República Dominicana, las sólidas medidas de bioseguridad protegen a los agricultores, resguardan los mercados y sostienen un comercio regional vital. Estos esfuerzos paralelos demuestran una verdad poderosa: la inversión estratégica y sostenida en la agricultura —adaptada a las realidades locales— construye resiliencia, incluso más allá de las fronteras. No podemos permitirnos tratar esto como algo opcional; el momento de redoblar esfuerzos es ahora”, agregó.
Para dar continuidad a estas acciones, la FAO está solicitando 108 millones de dólares para apoyar a 860 000 personas en Haití mediante la producción alimentaria de emergencia y la protección de los medios de vida. En la República Dominicana, la FAO trabaja con socios para movilizar recursos adicionales que permitan ampliar la cobertura de bioseguridad, fortalecer los sistemas pecuarios y proteger las cadenas de suministro de alimentos a nivel nacional y regional.
“Es urgente ampliar el financiamiento y el apoyo para que la FAO pueda salvar vidas y dignidad mediante resultados tangibles para los agricultores y las comunidades”, señaló Rein Paulsen, Director de la Oficina de Emergencias y Resiliencia de la FAO.
En conjunto, los compromisos en ambos países reflejan el enfoque regional integrado de la FAO: atender necesidades humanitarias urgentes mientras se fortalecen los sistemas que previenen futuras crisis y garantizan la disponibilidad de alimentos, aprovechando las capacidades de las oficinas de país de la FAO.
