Por Redaccion central de CEEN
Cuando Eduardo Estrella asumió el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) en febrero de 2025, no llegó a improvisar: llegó a ejecutar. Su entrada, formalizada a finales de ese mismo mes, marcó un giro claro hacia una gestión de obra pública más enfocada en cronogramas, supervisión y resultados visibles.
En un país donde el tapón se vive como castigo diario, su gestión se concentró en atacar nodos de movilidad de alto impacto. Un ejemplo es la intervención de la avenida República de Colombia, donde se explicaron mejoras concretas —ampliación de carriles, aceras, contenes y drenaje pluvial— y, más importante aún, se precisó la fuente de financiamiento: fondos derivados de la renegociación del contrato de AERODOM. Eso no es solo ingeniería; es gestión.
El 2025 también lo mostró con casco y botas en proyectos estratégicos fuera de la capital. La supervisión y el empuje a las circunvalaciones de Moca y Navarrete apuntan a un objetivo que suele olvidarse: descongestionar ciudades, abaratar logística y acelerar comercio regional. Y Estrella lo dijo sin poesía: terminar rápido, pero con estándares de calidad.
En el cierre de año, su gestión quedó asociada a obras que cambian rutas y tiempo de vida. La inauguración de la fase final de la avenida Ecológica abrió una nueva etapa de conectividad entre el Gran Santo Domingo y la región Este, una de las zonas más sensibles para transporte, turismo y crecimiento urbano.
Y en el Sur Profundo, la inauguración de la carretera El Cercado–Hondo Valle–Juan Santiago proyectó un mensaje de Estado: desarrollo también es conectar comunidades que históricamente han estado lejos del mapa de prioridades. Estrella resaltó el impacto en reducción de tiempos de traslado, que es, al final, lo que la gente mide.
Si el 2025 dejó un sello en el MOPC con Eduardo Estrella, fue este: menos discurso y más obra explicada, supervisada y puesta a servir. En República Dominicana, eso ya es una diferencia política.
