Mientras organismos nacionales e internacionales destacan la fortaleza económica del país, muchos ciudadanos continúan cuestionando el costo de la vida y el precio de productos básicos.
Esta disparidad entre el crecimiento macroeconómico y la realidad financiera de los ciudadanos se conoce como la brecha entre la economía agregada y la microeconomía familiar. Aunque las cifras oficiales sitúan a República Dominicana como una de las economías de mayor expansión en la región, el poder adquisitivo de gran parte de la población se ha visto mermado. [1, 2, 3, 4, 5]
Existen varias razones estructurales y coyunturales que explican por qué el «bolsillo no siente» esta fortaleza económica:
- Inflación acumulada y precios de alimentos: Aunque la inflación general se ha mantenido relativamente controlada en las metas del Banco Central de la República Dominicana, el costo de la canasta básica ha registrado alzas continuas, impactando directamente en rubros esenciales de alimentación y vivienda.
- Impacto externo e importación de costos: Los incrementos en los precios de los combustibles y el transporte, condicionados por factores internacionales y tensiones geopolíticas, encarecen toda la cadena de producción y distribución local.
- Distribución del crecimiento: Los sectores que más impulsan el crecimiento del PIB (como el turismo, zonas francas, minería o intermediación financiera) no son necesariamente los que generan la mayor cantidad de empleos masivos con salarios altos para toda la fuerza laboral.
- Salarios vs. Costo de vida: Existe un desfase histórico donde el salario promedio devengado por una gran parte de la población trabajadora es inferior al costo real de la canasta familiar y los servicios básicos.
Esta situación genera un escenario donde más del 45% de los hogares ha tenido que recurrir a financiamiento o préstamos adicionales para poder cubrir sus gastos básicos
